Cuando una empresa implementa controles de alcohol y drogas suele dedicar gran parte de su atención al dispositivo.
Todas son preguntas correctas, pero existe otra que puede ser igualmente importante: ¿Quién realizará la recolección?
La calidad de un programa de testeo no depende solamente de la tecnología. También depende de que la persona encargada de ejecutar el procedimiento pueda hacerlo de manera estandarizada, documentada y respetando cada uno de los pasos definidos, esa persona es el colector.
El colector es quien ejecuta la toma de la muestra siguiendo un procedimiento previamente establecido.
Dependiendo del método, sus funciones pueden incluir:
Por lo tanto, el colector forma parte de la cadena de calidad del examen.
Porque pequeñas desviaciones pueden generar grandes problemas. Una muestra asociada a una identidad equivocada, un tiempo de lectura incorrecto, un dispositivo utilizado fuera de las condiciones establecidas o un registro incompleto pueden generar dudas respecto de todo el procedimiento.
En testeo laboral, SAMHSA establece que las muestras de orina y fluido oral de sus programas regulados deben ser tomadas por colectores entrenados conforme a procedimientos específicos. La existencia de manuales específicos para sitios de colección, colectores y procedimientos demuestra que la toma de muestra no debería tratarse como un acto meramente administrativo.
Contar con una persona capacitada no beneficia solamente al empleador. También entrega garantías a quien está siendo examinado. Un procedimiento estandarizado reduce diferencias entre una persona y otra y disminuye el espacio para interpretaciones subjetivas.
El trabajador puede saber qué ocurrirá, qué muestra se obtendrá y cómo se procesará el resultado. Eso contribuye a algo esencial en cualquier programa de control: confianza en el procedimiento.
Supongamos que semanas después de un test surge una controversia. La pregunta ya no será solamente cuál fue el resultado, será necesario reconstruir qué ocurrió:
La cadena de custodia y la trazabilidad permiten reconstruir esa historia. En distintos sistemas formales de toxicología, la correcta identificación, trazabilidad y cadena de custodia constituyen elementos centrales precisamente porque permiten aumentar la confiabilidad del proceso.
OCCU no aborda el testeo únicamente desde la venta de dispositivos. Su metodología integra tecnología, procedimientos, registro y validación profesional, trabajando con referencias internacionales utilizadas en la industria del drug testing, entre ellas AAMRO y DATIA.
Dentro de este modelo, la certificación de nuevos colectores OCCU permite preparar a las personas que ejecutarán controles para aplicar una metodología uniforme. La formación busca que el colector comprenda no solo cómo funciona un dispositivo, sino también por qué cada etapa debe realizarse de una determinada forma.
Esto implica dominar aspectos como preparación, identificación, obtención de muestras, documentación, trazabilidad, tratamiento de incidencias y escalamiento de resultados que requieren revisión.
El objetivo es simple: que un test realizado en una operación mantenga el mismo estándar independientemente de quién se encuentre ejecutándolo.
Esta capacidad resulta especialmente relevante para compañías con múltiples sucursales, faenas, plantas, centros logísticos o vehículos distribuidos geográficamente.
En lugar de depender permanentemente del traslado de un equipo externo, una empresa puede desarrollar capacidades internas mediante personal preparado bajo una metodología común, siempre dentro del marco y protocolo definido para su organización.
La tecnología de OCCU complementa ese modelo mediante registro digital, revisión en línea y validación de resultados, permitiendo conectar la ejecución realizada en terreno con soporte especializado.
La confiabilidad no se obtiene simplemente comprando el dispositivo más avanzado. Se construye, con un protocolo, con tecnología adecuada, con trazabilidad, con revisión profesional y, necesariamente, con personas que sepan ejecutar correctamente cada paso.
Por eso, cuando una empresa evalúe su reglamento de alcohol y drogas, debería agregar una pregunta a su checklist: ¿Nuestros colectores están realmente preparados para realizar este procedimiento?
Si la respuesta genera dudas, la capacitación y certificación pueden ser el siguiente paso para fortalecer el sistema.